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El caso pertubador de herbalife!!!

En julio de 2007, María Marta y Pablo se casaron en una iglesia santiagueña. Habían jurado amarse y respetarse para toda la vida. Y luego, entre sonrisas y mimos, se pusieron los anillos.


Pero poco después un incidente nunca aclarado enturbió la dicha conyugal: María Marta se tomó varias fotos desnuda, en actitud lasciva, encima de una cama. Nunca se supo si las imágenes fueron captadas por su esposo, por ella misma o por alguien más.

El caso es que una copia de ellas fue enviada por correo electrónico a muchos de los amigos de Pablo. Según una versión, Amín se habría enterado de que María Marta hizo circular esas imágenes
entre sus conocidos y planeó vengarse.


El sábado 27 de octubre de 2007, la pareja había llegado de La Banda, Santiago del Estero, a 200 kilómetros al sur de la capital tucumana.

Se registraron en el hotel Catalinas Park, ubicado en la Avenida Soldati nº 340, frente al Parque Nueve de Julio; les dieron la habitación 514, en el quinto piso.

María Marta no quería viajar a Tucumán y fue el mismo Amín quien le insistió para que efectuaran la
travesía. Era obvio que había planificado sus acciones mientras se encontraban en Santiago del Estero.

Fueron al Hotel Tucumán Center, donde se celebraba una reunión de vendedores de Herbalife. Habló sobre la preparación de un licuado y los asistentes notaron que transpiraba mucho. Hacía calor. Al mediodía, Pablo comenzó a gritar con los puños en alto, retando a pelear a otro vendedor: Luis Bader, de quien sospechaba que quería robarle clientes.

Pero estaba solo, tirando golpes al aire. Bader nunca estuvo allí. Estuvo un buen rato con las manos arriba, pidiendo, exigiendo, por el ausente Bader, hasta que llegó María Marta y lo tranquilizó.

Los vieron irse por una vereda angosta, entre los vendedores de películas piratas y la gente que se bajaba a la calle para poder avanzar. Él iba adelante, apurado y ella atrás a pasos largos, tironeándole la camisa.

Buscaron su auto. Luego dejaron el vehículo en una estación de servicio, y según diría Amín, a
partir de ese momento empezó a escuchar una voz interior que decía que alguien lo quería matar. Era femenina: “Pablo, corre, que te van a matar”.

Huyeron, entonces, de esas amenazas virtuales durante más de dos horas, en taxis y colectivos, pero terminaron a tres cuadras de donde habían empezado, en la Iglesia Catedral, frente a la Plaza Independencia. Había sido un recorrido incoherente. Estaban en las calles Congreso y 24 de Septiembre; eran las 17:15 horas.

En la iglesia oficiaba el padre José. La rutina de los bautismos fue alterada por la pareja, que le pidió la bendición y el bautismo de su unión. Se pusieron adelante en la fila. “Padre, bautícenos”, pidió Amín. Y el párroco José Navarro le indicó que esperara al costado. “Padre, necesito que nos bautice”, repitió y le hizo señas al fotógrafo que esperaba el turno de uno de sus clientes.

El cura, sorprendido por aquella intromisión, le tocó el rostro y el fotógrafo Fabián Amante disparó en el momento justo. Luego los buscó para venderles la imagen, pero no los encontró. El sacerdote se desconcertó cuando Pablo tomó la jarra de agua bendita y se la bebió de golpe. Varias personas vieron cuando Pablo corrió en medio de los autos que circulaban por Laprida, mientras gritaba que lo querían matar. Lo vieron perderse por esa calle y no entendieron qué estaba ocurriendo.